Y colorín colorado, ni es un cuento ni ha acabado. Solo ha empezado.


 Que pena me doy a mi mismo, mucha pena, cuando me encuentro creyendo con que ya uno lo sabe todo. Cuantas cosas aún por aprender, descubrir. Incluso de detalles conocidos que han pasado desapercibidos durante años, y que tienen un significado trascendente para la vida. 
Me dan miedo los que se creen que se las saben todas, los suficientes. Sin darse cuenta van cerrando su corazón al Señor, terminan centrados en sí mismos. (Papa Francisco)

Hoy aprendí, y estoy contento, doy gracias por ello, por el mensaje que Jesús da el día de su resurrección tan solo en un detalle de los muchos que se pueden encontrar de su resurrección. El detalle significativo de dejar el sudario, no con las vendas por el suelo, sino enrollado y aparte. Claro que hay muchas y muy ricas interpretaciones, pero me llenó la que hoy el sacerdote de mi parroquia dió a este hecho en su homilía. 

Entre las costumbres hebreas, está la de la servilleta, el paño que se utiliza en la mesa. Mientras el señor de la casa está sentado a la mesa, comiendo, utiliza este paño no solo para lo que sirve, sino que además sirve de aviso al esclavo o criado que está atento a sus señales. Mientras el amo mantiene la servilleta plegada aparte, en su lugar, el criado sabe que su señor no ha terminado. Aunque se levante de la mesa sabe que regresará a ella. Solo cuando el señor haga un nudo con ella el criado entenderá que ya acabó. 
Así pues, la obra de Jesús no culmina con la cruz y su resurrección, tan solo es el comienzo. 
San pablo, en la segunda lectura de hoy (Colosenses 3,1-4), reforzará este significado.
No debo exclamar "Cristo ha resucitado" "he resucitado con Él" con mi lienzo arrugado, por los suelos o anudado, es decir, ya todo está hecho. Queda todo un camino abierto por delante, ascender a los cielos con Él, recibir de Él al Espíritu Santo buscando su plenitud. Buscar las cosas de arriba donde está Cristo, con los pies sobre la tierra, amando como Él al mundo, no la mundanalidad . Queda manifestarse al mundo, aunque no todos me crean. Y ¿hasta cuando? Pues hasta que regrese. 
En cada eucaristía se repite este hecho simbólico cuando los corporales son plegados, indicando que la eucaristía no termina con la bendición, donde podría pensar: Bueno, ya acabó la misa, ya cumplí. ¡Que equivocado!, Cuando acaba la misa, el corporal plegado y el sudario enrollado me indicará que Dios no acabó su obra ni en ti ni en mi. Ya no me fijaré en tus defectos, recordaré que Dios sigue amándonos y actuando en nosotros, que no ha terminado. Recuerdame que como siervos hemos de estar atentos a sus señales, para que juntos podamos seguir siendo transformados y transformadores en Él.

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