<<Mi siervo David será su rey,
el único pastor de todos ellos.
Caminarán según mis preceptos,
cumplirán mis prescripciones
y las pondrán en práctica. ...
y mi siervo David será su príncipe para siempre.>>
 
 
Ezequiel, 37,21-28

¡Exulta sin freno, Sión, grita de alegría, Jerusalén!Que viene a ti tu rey: justo y victorioso,
humilde y montado en un asno,
en una cría de asna.  
Zacarías 9,9


DESATA  MI VIDA, SEÑOR




                     








No es necesaria una gran visión profética o teológica para ver que Jesús es el Mesías prometido de Dios a Israel, y a su vez el Salvador del mundo. Hasta ciegos como Bartimeo pudieron ver y gritar que Él era el Hijo de David, y creer en todo lo que ello significa y conlleva. (Mr 10, 46-52)
Dios nos regala los ojos de la fe para que veamos más allá de nuestras propias narices. 
La fe de Jesús me lleva a depender y tenerlo todo en Dios, pero a la vez, a vivir de tal manera, que teniéndolo todo, viva como si nada  tuviera. Creer no es un motivo de vanagloria, ni de comodidad y estancamiento, es una necesidad vital que nos ha sido regalada. Es un don, una dádiva, una gracia, que más que hacerme sentir satisfecho, debe hacerme sentir necesitado. Necesitado de Dios y necesitado de los hombres, viendo en los hombres las necesidades de Dios, y en Dios las necesidades de los hombres. Así es como me siento al contemplar la vida, los gestos, los signos (llenos de significado) del Rey que viene a mi y a todos nosotros.

Ya para venir al mundo Dios tuvo sus necesidades, ahora, para entrar en Jerusalén, necesita de la disposición de sus amigos para ir a buscar un pollino, hijo de asna, sobre el cual nadie había montado. Y qué difícil es montar un pollino indómito. Qué tozudos y estúpidos son en ese estado estos animales, y sin embargo, que docilidad mostró el animal ante la NECESIDAD de aquél Hombre que siendo Rey, era un necesitado. ¡Cómo cambia todo con Jesús!

Días más tarde, Jesús volverá a entrar en Jerusalén, esta vez silenciosamente y sin algarabías, pero igualmente necesitado. Ya no necesitará un pollino, pero sí que le presten un aposento alto para celebrar la pascua con los suyos. Como también con anterioridad necesitó de la casa de Lázaro, Marta y María para hacer de ella su casa en sus idas y venidas, creando allí un lugar de encuentro, de comunión y comunidad. Como también necesitó de las barcas que usó en Galilea para "cruzar", "enseñar", y "manifestarse" como Hijo de Dios, Dueño y Señor de TODO, y a la vez necesitado de Dios y de los hombres.
Hasta en su muerte, y a causa de nuestra necesidad, días más tarde necesitará de un sepulcro prestado.  Y es que, aunque los reyes tienen sus palacios, las aves sus nidos, y las zorras sus guaridas ... 

el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza."  Mt 8, 20




Pobres, aunque amados, los de Laodicea, y todos los autosuficientes. Los que no aprendimos a ver y tener las necesidades de Jesús, como fuera su sed de samaritanas y samaritanos, la necesidad de perdonar a putas y publicanos, la necesidad de desatar muertos, endemoniados o asnos, y cabalgarlos cubriendolos con mantos de dignidad. Pobres todos aquellos que pensamos avanzar y entrar victoriosos cabalgando caballos adiestrados para la guerra. Amados, pero pobres, los que ya nos la sabemos todas, y no nos dejamos sorprender por la novedad de Dios. Los que nos quedamos en casa y no tenemos la necesidad de salir en busca los necesitados.
Pobre Jesús, necesitado de amar y ser amado, ahí a la puerta, llamando, buscando que le abran, que le presten y preparen el aposento alto del corazón para cenar, compartir el pan. Pobre Señor, que en Belén no tuvo donde nacer, y ahora en Jerusalén donde ser enterrado.

Pobre de mí, sino sé que la vida me es un préstamo que solo sirve para ser prestado.
 

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