No llevemos la cruz sólo como un símbolo de pertenencia, como “un distintivo”, sino miremos al Crucificado como a “Dios que se he hecho pecado” para salvarnos. Es la exhortación del Santo Padre Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.
Tres veces Jesús en el Evangelio de la liturgia del día dice a los fariseos: “Morirán en sus pecados”, porque tenían el corazón cerrado y no comprendían aquel misterio que era el Señor. “Morir en el propio pecado es una cosa fea”, dijo el Papa.
La serpiente de bronce: el que la miraba, quedaba salvado

En su diálogo con los fariseos, Jesús recuerda: “Cuando habrán levantado al Hijo del hombre, entonces entenderán que Yo soy y que no hago nada por mí mismo”. La referencia de Jesús es a cuanto sucedió en el desierto – narrado por la Primera Lectura – cuando el pueblo, que no podía soportar el camino, “se aleja del Señor” y “habla mal de Moisés y del Señor”.
(Cuando más alejados del Señor, más criticamos,
y eso produce veneno mortal, serpientes abrasadoras.
Ay las lenguas viperinas.)
Llegan las serpientes que muerden y causan la muerte. Entonces el Señor dice a Moisés que haga una serpiente de bronce y que la ponga sobre un asta: de modo que el que hubiera sido mordido, sería curado si la miraba.
La serpiente es el “símbolo del diablo”, “el padre de la mentira”, “el padre del pecado, el que ha hecho pecar a la humanidad”. Y Jesús recuerda que cuando será levantado, todos mirarán hacia Él. Y éste – afirmó el Pontífice – es el misterio de la cruz. “La serpiente de bronce curaba” –  pero explicó – “era signo de dos cosas: del pecado hecho por la serpiente, de la seducción de la serpiente, de la astucia de la serpiente; y también era señal de la cruz de Cristo. Era una profecía”.      
San Juan 3, 14-15
El Obispo de Roma concluyó su homilía recordando con San Pablo que Jesús se hizo pecado y que quien no reconoce en aquel hombre levantado “la fuerza de Dios que se hizo pecado para salvarnos”, morirá en el propio pecado:

“La salvación sólo viene de la cruz, pero de esta cruz que es Dios hecho carne. No hay salvación en las ideas, no hay salvación en la buena voluntad, en el deseo de ser buenos… No. La única salvación está en Cristo crucificado, porque sólo Él, como significaba la serpiente de bronce, ha sido capaz de tomar todo el veneno del pecado y nos ha curado allí. Pero ¿qué es la cruz para nosotros? Sí, es el signo de los cristianos, es el símbolo de los cristianos. Y nosotros nos hacemos el signo de la cruz, pero no siempre lo hacemos bien, a veces hacemos así…(rápido, sin pensar, por rutina y costumbre)... Porque no tenemos esta fe en la cruz. Otras veces, para algunas personas es un distintivo de pertenencia: ‘Sí, yo llevo la cruz para hacer ver que soy cristiano’. Está bien eso, pero no sólo como distintivo, como si fuera de un equipo, el distintivo de un equipo: como memoria de Aquel que se ha hecho pecado”.
Además,prosiguió diciendo Francisco, otros llevan la cruz como un ornamento y algunos la llevan con piedras preciosas para hacerse ver:
“Dios dijo a Moisés: El que mire a la serpiente será curado”. Jesús dice a sus enemigos: ‘Cuando habrán levantado al Hijo del hombre, entonces conocerán’. El que no mira la cruz, así, con fe, morirá en sus propios pecados, no recibirá aquella salvación”.
De modo que, como dijo el Papa, la Iglesia propone un diálogo con el misterio de la cruz:
“Hoy la Iglesia nos propone un diálogo con este misterio de la cruz, con este Dios que se ha hecho pecado, por amor a mí. Y cada uno de nosotros puede decir: ‘Por amor a mí’. Y podemos pensar: ¿Cómo llevo yo la cruz? ¿Cómo un recuerdo? Cuando hago el signo de la cruz ¿soy consciente de lo que hago? ¿Cómo llevo yo la cruz? ¿Sólo como un símbolo de pertenencia a un grupo religioso? ¿Cómo llevo yo la cruz? ¿Cómo ornamento? ¿Como una joya, con tantas piedras preciosas, de oro…? ¿He aprendido a llevarla sobre los hombros, donde hace mal?
Cada uno de nosotros mire hoy al Crucificado, mire a este Dios que se ha hecho pecado para que nosotros no muramos en nuestros pecados y responda a estas preguntas que yo les he sugerido”.

(Artículo adaptado de María Fernanda Bernasconi - RV).

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