Jueves 23, Marzo 2017. 

"Escuchad mi voz, ... Pero no escucharon ni prestaron caso ..."  Jeremías 7, 23-28

 "Estaba Jesús echando un demonio que era mudo. 
Sucedió que,  apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: ... Lc 11,14-23
 Claro que Dios quiere que hablemos, que no seamos ni nos comportemos como mudos. Él nos ha creado para la comunión y el diálogo, al crearnos nos dotó de inteligencia y del don del habla. Puso en el hombre una lengua para hablar y dos oídos para escuchar, como si quisiera dar a entender la doble importancia que tiene el saber escuchar. 
Recientemente, el papa Francisco dijo que el mayor problema de nuestra época es la falta de dialogo, la falta de escucha. Que escuchar es el primer paso para el dialogo. Dijo que una de las peores enfermedades, la más fea de nuestro tiempo es la poca capacidad de escucha. Y que esto era un problema que hay que resolver, sanar, porque escuchar es el primer paso del dialogo. 


Y en eso mismo encontramos hoy a Jesús, ocupado en sanar ese problema, esa enfermedad que nos consume y nos confunde. Que nos enfrenta y nos divide.

Escuchar a Dios, saber escuchar a la Iglesia de Dios, que no soy yo ni mis preferencias o mis ideas, sino nosotros con Él y Él en y con nosotros. Tener oídos abiertos para escuchar lo que sucede, lo que el otro tiene que decirme, reconociendo el dedo de Dios, y que el Reino está entre nosotros. 
Me incluyo en el grupo de la multitud admirada, pues vale más este signo que mil palabras o milagros.
Jesús da voz a los que no la tienen.

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